Mi nombre es Alejandro Álvarez Bustos. Tengo la gran suerte de pertenecer a uno de los gremios más felices como es la fisioterapia. Y al final no es de extrañar, ya que qué mejor forma de invertir tus largas jornadas laborales que ayudando a los demás y haciéndoles sentir mejor. Como profesional, tratamos con infinidad de pacientes con innumerables patologías, y dentro de este saco enorme, sin duda, uno de los sacos más selectos es el de los pacientes oncológicos.

El cáncer sigue constituyendo a día de hoy un problema de salud pública, con 230.000 nuevos casos en 2017, además de ser la segunda causa de muerte y la tercera de estancia hospitalaria en España. Se estima que una de cada tres mujeres y uno de cada dos hombres va a tener un episodio de cáncer a lo largo de su vida.

Pero no sembremos el pánico. Cada vez más personas que sufren o han sufrido esta enfermedad consiguen vivir más años gracias a la investigación y los continuos avances en los tratamientos, y por ello, y está en nuestro deber mejorar su calidad de vida, manejando la lista interminable de síntomas y signos que presentan tanto por la enfermedad como por su tratamiento.

Como fisioterapeutas, podemos tratar todo tipo de pacientes con múltiples patologías y peculiaridades, como ya en su artículo comentó Elena, compañera de la facultad y actualmente de trabajo en la clínica Fisioterapia Mirasierra y, es probable, que hayamos tratado a algún paciente oncológico no diagnosticado. Como profesionales sanitarios, nuestro deber es estar actualizados en las nuevas tendencias de prevención de diferentes patologías, siendo conscientes de los síntomas que nuestros pacientes presentan, y teniendo en cuenta las posibles “banderas rojas” o contraindicaciones que podrían decirnos que tenemos que derivar ese paciente a otro profesional.

Al fin y al cabo, somos los fisioterapeutas los que más tiempo compartimos con los pacientes durante las sesiones, ya que otros profesionales, como los médicos de atención primaria no pueden dedicar a sus pacientes 40 minutos o una hora como sí que lo podemos hacer nosotros en la práctica clínica general. Debemos sacar todo el jugo y extraer la máxima información posible del paciente en base a una buena anamnesis.

Pero sin duda, debemos hacer un parón para recalcar el papel de la fisioterapia en los pacientes con cáncer. Escaneando al paciente oncológico medio, se trata de un paciente de cierta edad con un historial de patologías a sus espaldas, que no van a ayudar a la mejoría del paciente. Estos pacientes podían presentar enfermedades cardiovasculares o problemas metabólicos previos al diagnóstico oncológico, que van a empeorar con la enfermedad. Además, aparecen otras causas de dolor y disfunción como la toxicidad de la quimioterapia, la disminución de la calidad (volviéndose más rígido) y cantidad (sarcopenia) del tejido muscular, el descenso del umbral del dolor (pudiendo existir patologías como el síndrome del dolor miofascial o la existencia de dolores articulares), la disminución de rangos de movilidad (bien por la cirugía, como en el caso de cánceres de mama, o por la radiación). Además, muchos de estos pacientes van a presentar la conocida como fatiga secundaria o relacionada con el cáncer, una fatiga muy diferente a la de sujetos en principio sanos, que favorecerá un peor estado de ánimo de nuestros pacientes, apatía ante la actividad e incluso depresión al no poder realizar actividades cotidianas que antes realizaban debido al terrible esfuerzo que les supone.

Por suerte, hay mucha evidencia que relaciona al grueso de pacientes con cáncer (siendo los más prevalentes cáncer de mama y de colon en nuestro país), son prevenibles o tratables mediante los hábitos de vida. De hecho, se estima que uno de cada tres cánceres son prevenibles con hábitos saludables como son mantener una composición corporal saludable, evitar o limitar hábitos tabáquicos e ingesta de alcohol, una dieta adecuada y equilibrada, los parones del sedentarismo y la actividad física, y es en este último donde tenemos mucho que decir los fisioterapeutas.

Más es no siempre es mejor, pero cuando de actividad física y ejercicio se trata, parece que sí. El Colegio Americano de Medicina Deportiva (American College of Sports Medicine, ACSM), el mayor organismo sobre actividad física y ejercicio a nivel internacional, recomienda un mínimo de 150 minutos de actividad física moderada a la semana, o lo que es lo mismo, caminar 30 minutos 5 días a la semana, obteniéndose mejores resultados cuando estos 150 minutos son de actividad física vigorosa o se realizan 300 minutos de actividad física moderada, como caminar. Aunque estas recomendaciones internacionales podrían quedarse muy cortas en cierto tipo de pacientes que pasan el resto del día sedentarios, y realizar parones del sedentarismo podría tener cierta importancia en prevenir ciertos cánceres.

Además, sabemos que los pacientes oncológicos son propensos a presentar disminución del tejido muscular, y no hay mejor opción para conservar y mejorar nuestra masa muscular que el ejercicio de fuerza. El músculo es sinónimo de salud en casi todas las situaciones clínicas, y mantener y mejorar nuestra masa magra nos asegurará una mejor funcionalidad, menor discapacidad y prevención de otro tipo de patologías donde prima la depleción del tejido muscular y el aumento del tejido graso, trayendo consigo, entre otras cosas, más sustancias proinflamatorias y más dolor.

Debemos añadir a la importancia del tejido muscular, la condición o aptitud cardiorrespiratoria, es decir, la capacidad del sistema respiratorio, circulatorio y muscular de suministrar y utilizar el oxígeno durante una actividad cualquiera, como puede ser estar de pie o hacer ejercicio. A mayor condición cardiorrespiratoria, mayores intensidades de actividad podremos realizar. A día de hoy, la condición cardiorrespiratoria es el mejor indicador exclusivo de morbilidad y mortalidad que existe, por encima incluso que la edad. Por todo ello, será importante realizar tanto ejercicio cardiovascular como de fuerza que mejore nuestra aptitud cardiorrespitoria.

En Fisioterapia Mirasierra informamos y damos pautas a nuestros pacientes para que conozcan este tipo de disfunciones que tanto la enfermedad, como el tratamiento ocasionan en sus cuerpos, y como desde el movimiento, la actividad física y el ejercicio, gran parte de esos eventos adversos pueden mejorarse. Para ello, deberemos conocer el entorno del paciente, la actividad física o ejercicio que realizaba de manera anterior a la enfermedad y al tratamiento, la intensidad y la frecuencia, si esta actividad se ha visto modificada, si tiene un grupo para hacer ejercicio… Todo ello nos va a dar información para poder indicar a los pacientes el mejor ejercicio de manera individualizada, y recomendarles que el ejercicio sea supervisado y programado por un experto con el fin de optimizar las mejoras y prevenir posibles lesiones o situaciones adversas.

No nos podemos olvidar del estrés que genera la vivencia desde el momento del diagnóstico en estos pacientes. Deberemos valorar si estrategias como la terapia manual pueden ayudar al paciente a sentirse mejor, a relajarse, a tener menos dolor, menos discapacidad, o si por el contrario, es necesario derivar a otros profesionales como los psicólogos e informar al oncólogo de nuestra propuesta de tratamiento.

 

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